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4/23/2017

Resumiendo, hoy es domingo

Yo nunca sé lo que escribiré mañana, y cuando pienso en ello recuerdo a Onetti. Le doy la vuelta al libro que esté leyendo en ese momento y le doy la razón, porque yo tampoco tendría interés en escribir si supiera de antemano lo que va a pasar en mis cuentos. A juzgar por las fotos arremolinadas de los últimos días, me gustan las horas en blanco y negro. Existe una frontera entre lo que uno lee, vive, imagina o sueña, y suele ser una línea divisoria tan fina como los recuerdos que nos quedarán cuando seamos mayores y queden lejos las noches como la de ayer. Pienso todo esto de vuelta a casa con el pelo revuelto, las ojeras recién estrenadas y el calor del domingo pegándose a mis medias negras. Lo pienso mientras recibo fotos del día más bonito del año en Barcelona, y me sigue sorprendiendo que hayan pasado seis años desde mi primer Sant Jordi allí. Una última ojeada al móvil mientras pienso cuántas jodidas veces miramos el móvil al día. Es la última ojeada antes de meterme en el metro y volver a quejarme internamente por vivir en mordor y no en el centro. La última ojeada antes de imaginar cómo sería vivir en un ático en Malasaña o la latina. Cómo me gusta literaturizar lugares, personas y momentos. Eso es lo último que pienso antes de cerrar los ojos, dormirme en el metro y aparecer en Canillas pensando que lo primero que haga cuando llegue a casa será comer un plato enorme de pasta, porque me muero de hambre.