x

11/29/2016

Biblioteca casera

Volví a leer Pedro Páramo, y Juan Rulfo me trajo de vuelta Comala. Existe el día en el que descubres a un escritor, y ese día suele quedar lejos del día en el que comienzas a comprenderlo. Pasaron muchos años hasta que logré entender a Onetti, a Rulfo o a Martin Amis. Junto a ellos otros que fueron cayendo antes de lo debido, siendo yo una cría, pero una cría muy impaciente. Una cría que no sabía realmente lo que estaba leyendo, pero disfrutaba con ello. Lo que vengo a decir con todo esto es que uno se percata del valor de las primeras veces cuando entiende su significado, y eso suele pasar mucho tiempo después de lo ocurrido. Cabría preguntarse: ¿en qué difiere la lectura de la misma novela en tiempos distintos? ¿Por qué ahora, comprendiéndola mejor, puede saber peor?
La respuesta vuelve a ser el tiempo y con él la experiencia, la que lo cambia todo. La misma que hoy te hace perder la impresión de la primera lectura. Y esto es aplicable a mil ámbitos, no sólo a lo literario. Es aplicable al primer amor, al primer viaje fuera de casa, al primer día de universidad. Al final sólo se trata de una pérdida de inocencia que uno va dejando por el camino a sabiendas de que un día existió. Este no es un ejercicio de nostalgia sino de cuestionarse: ¿acaso disfrutas más cuanta más experiencia acumulas? ¿compensa cambiarle el rumbo a lo que un día concebiste de forma completamente distinta?
A mí me gusta pensar que sí, pero en realidad no tengo la más mínima idea.


11/13/2016

Domingos aquí, en madrid

Recordemos que el tiempo ni se gana ni se pierde, se gasta.
Mejor o peor, eso ya es otra historia
Hay formas y formas de terminar la semana, yo hoy me quedo con esta

11/10/2016

Casi todo se cura leyendo, y el resto viajando

En Público.es: 
''Los populistas son outsiders y pueden ser de derechas, de izquierdas, ultraliberales o proteccionistas. ¿Quiere esto decir que los “extremos” se tocan o se parecen? En ningún caso. (..) Y es que en realidad el populismo no define las opciones políticas sino los momentos políticos. Hubo un momento populista Berlusconi, un momento Putin, un momento Perón y Estados Unidos acaba de vivir el momento Trump. Pero no es un momento aislado. El colapso financiero de 2007 fue la antesala de la crisis de buena parte de los sistemas políticos occidentales. No olvidemos que esos sistemas, sustentados sobre la mejora de las expectativas de vida de la clase trabajadora, el consumo de masas, la redistribución y los derechos sociales, nacieron sobre el espíritu del antifascismo, en un contexto geopolítico bipolar. Todo eso entró en crisis con Thatcher y Reagan y se acabó definitivamente con la caída del muro de Berlín. Lo que reveló la crisis financiera de 2007 fue un conjunto de verdades económicas que, tarde o temprano, habrían de tener traducción política: el empobrecimiento de los sectores medios y asalariados y el deterioro de los servicios públicos y los derechos sociales. La traducción política en EEUU se llama Trump, en Francia se llama Le Pen y en España, gracias a la virgen que diría Esperanza Aguirre, se llama Podemos. ¿Nos parecemos en algo? En nada, lo que se parecen son los momentos políticos.''

11/07/2016

Días infinitos mientras duran

Mayoral nos habla siempre de Chaves Nogales y lo hace con el brillo en los ojos de quien admira con fervor a otro. Todos nos solemos reír porque tiene su gracia, pero creo que en ello podemos encontrar la raíz de lo que significa la palabra vocación. Sentir auténtica devoción por aquello a lo que pretendes dedicar toda tu vida. Tan aplicable al ámbito estudiantil, como profesional, como sentimental.
Estos últimos tiempos están siendo realmente interesante a muchos niveles porque está cambiando algo en el aire que me lleva de lunes a domingo. Un aire que huele cada vez mejor, cada vez más vivo. Un aire que me hace darme cuenta de que la vida a los veintitrés años puede (y debe) llegar a ser no sólo una época que te haga disfrutar del presente y de tu juventud sin nostalgia o culpabilidades a cuestas, sino también algo en lo que merezca la pena trabajar. Algo que nos permita desayunar con flores en la cabeza, en el cerebro y en el jodido corazón.