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9/16/2016

Volver ya no es un nombre de tango.

Cuando tienes seis años jamás piensas en llegar a ellos, pero al tocar los veinte te machacas preguntando qué coño serás con treinta. Cuestionándome versos pasados siempre termino con rimas actuales, y permaneciendo con ellos sólo espero lo que no logro obtener de mí.
París no es lo que fue antaño ni será lo que imaginé, y por eso ahora procuro mirarlo de través y no de frente, por eso procuro rozar sin ansia sus mil rincones grisáceos. Son las tres de la mañana y yo también bebo vino barato, y pienso en el engreído de Roland Barthes, ''no quiero hablar por temor a hacer literatura''. ¿Quién puede hablar así de algo tan necesario? ¿Cómo podría considerarse pretencioso lo que sólo nos sirve para seguir latiendo? Preguntas que sólo llevan a más preguntas, el vicio literario de quien sólo sabe rellenar sus horas con ficciones. Si me preguntaras qué recuerdo te diría lo mismo de ayer. Si me preguntaras qué escribo te diría lo que me imagino. Me imagino las manos secas de quien se olvidó de regar su flor. Los labios curtidos del que siguió besándome. La furia distilada del domingo rabioso. La mirada limpia de quien no entiende su propia poesía. Las pupilas dilatadas por un baile infinito. Bragas tendidas los lunes al sol. Me imagino camas vacías en moteles desiertos. Me imagino una cara sin vida reflejada en la mía.  
Conociéndote me preguntarías qué busco. Ahí yo respondería cualquier mentira. Que leas esto y te acuerdes de los días venideros. Que te imagines cómo son ahora mis noches. Que tengas claro que hubo tiempos mejores.