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8/29/2016

paralelismo (más o menos)

el final siempre queda marcado por la vuelta a la ciudad. y entonces es cuando te das cuenta que la vuelta a la ciudad significa mucho más que dejar campo atrás. mucho más que dejar de despertarte en el cuartelillo caótico de arriba o volver a casa viendo ese amanecer. significa más y se traduce por un estado de sobra conocido en el que las sensaciones se repiten calcadas año tras año. pero nunca es igual. a veces uno cree que por conocer algo muy bien no le puede sorprender o pillar desprevenido; como si por el hecho de haberlo vivido ya fuésemos inmunes a ello. y en realidad podríamos serlo, si no fuera porque entre dos agostos pasa un año entero y con él tantos cambios que es imposible volver a ser los mismos del último verano. y ahí está la ironía, la gracia y supongo que todo lo demás

8/07/2016

baila conmigo amor, que aunque muy chico y muy feo, piloto de aeroplano soy

simplificar las relaciones siempre me ha parecido la tarea más complicada. las canciones de los ochenta me encandilan porque logran eso, condensar en letras sencillas los temas realmente complejos. en aquella época parece que no importaban tanto las apariencias, los grupos destilaban una frescura real, se les salía la juventud por los poros a borbotones. no creo que buscasen pasar a la historia sino disfrutar de su época, de la que les había tocado vivir, sin quejarse ni vanagloriarse de ello. la música ochentera no era pretenciosa.
me gusta no sólo porque me guste la gente así en la vida real, sino porque las canciones de aquellos años suelen contagiarme una euforia transitoria que me hace relativizar este verano y la existencia en general. para quienes le ponemos demasiada nostalgia y preguntas al tiempo discurriendo, es maravilloso darse cuenta de que lo liviano puede ganar la partida, aunque sólo sea esta noche, y por qué no las mil siguientes.

8/05/2016

prismáticos filosóficos?

encuentro cierto atractivo en aquello que carece de forma o materia, en las historias efímeras que disponen de un contexto etéreo. me parece algo inusual y por tanto digno de admirar cuando la ternura y el morbo logran juntarse para eclosionar en un limbo determinado. al fin y al cabo el verano no deja de ser una mudanza de piel y color, una curiosa metamorfosis que caducará en septiembre. lo perecedero conlleva una serie de cláusulas que no entienden de mañanas alegres o noches eternas, y lo volátil suele recordarse años después de muerto, porque nunca se agota del todo. entiendo que resulte humano preguntarme cómo de lejos veo el mañana, pero ésta es una época transicional y lo cierto es que no estoy en condiciones de pararme a pensar si realmente querría aceptar miradas estables o certezas absolutas.
pero sigo aquí. 




8/03/2016