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7/23/2016

luz temporal

pidiéndome que te lo explique con palabras, has logrado que yo misma me lo cuestione y cuestionándomelo he entendido lo necesario que resulta esto. lo plantearé así: el buen cine tiene buenas historias, y con ellas suelen venir guiones llenos de giros que uno jamás podría imaginar. me refiero a las vueltas de tuerca que te dejan noqueado en mitad de la sala. suelen aparecer en el segundo acto y también al final del tercero, justo cuando desfilan los créditos y la gente se va levantando, recogiendo sus palomitas y comentando la película. las luces llevan un largo rato encendidas y el local se va vaciando pero tú te mantienes inmóvil, aún con la boca abierta, incapaz de activarte y demasiado colgado como para reaccionar. bueno pues supongo que algo así me ocurrió. platón y su alegoría de la caverna vendría a ser un buen ejemplo de lo que pretendo explicar= a veces incluso la persona más visceral puede dormirse en los laureles o forjarse su falsa realidad. y lo más jodido es que la cárcel la lleva uno a cuestas. ahora bien: calarme es complicado pero descubrir que soy visceral es muy sencillo. precisamente porque soy visceral me cuesta separar los tiempos, las épocas y las personas, y precisamente porque soy visceral me resulta imposible racionalizar los sentimientos. pero pidiéndome que te lo explique con palabras me has obligado a poner en orden las divagaciones de este extraño mes de julio. y recogiendo los pedazos de mis pasos por el asfalto madrileño he llegado a tres conclusiones bastante obvias que esclarecen lo justo.
la primera es que comienzo a entender los giros de guión no sólo como algo inevitable sino sobre todo como algo necesario. la segunda es que al fin y al cabo, acaba contando más lo que uno parece que lo que uno es. y la tercera, que con vino blanco las noches mejoran.