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4/08/2016

Los estereotipos son verdades cansadas

Al tercer día y a la tercera cerveza descubres que el esfuerzo sin pasión se queda en papel mojado. Aplicable a cualquier ámbito. y te percatas fácilmente de ello porque lo detectas rápidamente, igual que se detectan las cosas forzadas, malolientes y soporíficas. Lo haces a sabiendas de que desprenden un resultado predecible, un adelanto de lo que tú misma sabes- por mucho que no lo grites en voz alta- que nunca llegará a clavarse en tu corazón.
Yo tengo una teoría - una de tantas- que me impide cocinar a fuego lento algo indigerible. y me entristece ver cómo tanta gente no sólo cocina cosas intragables, sino que además las escogen. Las escogen y se adaptan a ellas. Lo curioso de todo este asunto (y he aquí la gracia) es que últimamente me sorprende (siendo la tristeza y la sorpresa colegas divergentes) descubrir cómo a menudo lo insustancial le gana la partida a lo innato, dejándole en la estacada y suscribiendo un triunfo absurdo, liviano... tan evidente, tan obvio, que yo misma me replanteo todo y me pregunto si realmente no estaré cayendo en el bando de un ridículo sentimentalismo que me impide ser objetiva. 
pero es precisamente ahí cuando llega el primer trago de la tercera cerveza y ya estamos a miércoles. es justo ahí cuando la furia del lunes desaparece y el martes sigue sin convencerme como lo pretendía el domingo. todo esto ocurre porque estoy en una terraza, o un piso, o un bar... y suena una canción... y la canción me escupe todo el sentimentalismo que tanto me cuestiono últimamente. me lo escupe materializándolo, dándome la razón.
¿ pero acaso la música miente?