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1/19/2016

los contrarios, al cuadrado y con ojeras


La pregunta nunca me importará si ya sé de antemano la respuesta. En realidad no se trata tanto del objetivo en sí - a menudo insustancial- como del empeño que le pongo. yo puedo estar las veinticuatro horas del día soñándote pero si me sigue valiendo cualquier excusa para no cederte mi tiempo, ¿por qué debería dejar mis legañas atrás? Lo que planteo no es tanto la inutilidad de la acción en sí, sino más bien las ganas con las que podría consentirlo. Sigo pensando que los bagajes del insomne son los mismos que los del madrugador, porque por muy diferentes que sean existe la certeza del encuentro por el pasillo y la probabilidad del desayuno juntos. Enero está siendo díscolo pero yo sigo creyendo que antes de irse de viaje uno tiene que preguntarse si de verdad uno se muere de ganas de recorrer esa ciudad, o más bien sólo lo decide por las fotos con las que volverá después. vale como metáfora pero también como realidad.