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5/04/2015

''Uno puede oír todo tipo de cosas en todo tipo de ciudades. Puedes sentir todo tipo de sensaciones en todo tipo de habitaciones. Supongo que son agujeros que no están marcados en los mapas''

me preguntas por qué tanta gente cree en dios de forma tan ciega, tan entregada. y yo me pregunto por qué me preguntas cosas a las cuales no puedo contestar, así que me salgo por la tangente, como siempre, y te cuento que si yo creyese en él me lo imaginaría sentado en su sofá con un bol de palomitas riéndose mucho de todos nuestros problemas existenciales. me lo imagino como le imaginamos todos, desde arriba. ¿porqué nadie se imagina a dios desde abajo? últimamente soy consciente de que me cago mucho en él, de que medio mundo se caga mucho en él, tanto que creo que no le quedaría papel higiénico para limpiarse si existiera. la cara de la gente en el metro es un poema, a veces pienso que lo único que les queda a las grandes ciudades son sus muertos. esta frase no es mía, es de algún libro que ya ni recuerdo haber leído, pero es que ya no hay nada que no esté escrito. tokyo ya no nos quiere y el tiempo es una puta paradoja que da vueltas sobre sí mismo, retorciéndose como un gusano y ahogándonos con disimulo, como si no nos diésemos cuenta de que aprieta el gatillo un poco más cada lunes. 


Sevilla son cuatro calles muy largas, un sol enorme y un río infinito. cuando pienso en los planetas no pienso en horas, pienso en un colchón viejo y un par de botas sucias. en cocinas donde las parejas pasan más tiempo besándose que cocinando. Cuando Quique piensa en Salitre piensa en cosas que yo no pensaría, porque mientras él piensa en carreteras secundarias y en un hotel de Conil de la Frontera, yo pienso en un ron cola y un café solo, y mira que odio ambas cosas. Y cuando leo sus letras pienso en risas huecas y voces más graves que la mía, que siempre suena a miel por mucho que intente disimularlo. pienso en el agua salada, en la luna amarilla y la ficticia primavera. pienso en todas las cosas que no se dicen, que siempre son las más importantes. en el papel y el tintero, en la pasión por tu profesión y las ganas de crear. Es entonces cuando la impaciencia le gana el pulso al tiempo, y es por eso que pienso en el crujir de mis huesos al echarte de menos, en tus labios torcidos y mi mueca favorita. Y cuando leo lo que no debería leer pienso en verbenas fallidas y en la última escena de Casablanca, y pienso qué tendrá parís para que todo el mundo deposite en esa ciudad sus sueños. Cuando cambio el disco lo hago por inercia, y también un poco por curiosidad, y entonces suenan grupos franceses que mis padres escuchaban en los ochenta y pienso en Nogaro, en el sur y en gente joven muy borracha alrededor de una hoguera. Suena Cabrel porque está el primero en la lista y porque cuando vivíamos en la casa más bonita que hemos vivido sonaba siempre los domingos y me acuerdo que a Lorenzo le brillaban mucho los ojos verdes que yo no heredé. 
Me preguntan que por qué un billete de vuelta a la ciudad de origen, y la verdad es que no lo sé, pero lo que sí tengo claro es que cuando suenan los planetas y se me llenan los pulmones no debe ser muy distinto de lo que siente quique al escuchar salitre, porque por muchos años y kilómetros que nos separen, es entonces cuando yo también oigo tus pasos subiendo por la escalera de madera, cruzar el pasillo, llamar a la puerta, entrar en casa.