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1/23/2015

A propósito del vino blanco, y seco

Yo tampoco sabía que hubiera que molestarse tanto para ser hedonista. Caminábamos por la ciudad de puntillas porque éramos nocturnos. A ti te gustaban las luces de las farolas, y yo me reconocía en su tacto azul, en su reflejo añil. La confusión siempre tendrá más adeptos que el estudio de tus propios retos. Tengo los pies fríos y la cabeza caliente, es la historia de siempre. me pregunto si detrás de tanta poesía podrá llegar a existir algo tangible, un líquido seco, un tortazo a tiempo. Tengo hambre y tengo sed, y sólo se me ocurre romper las paredes y perecer. El bucle infinito del pozo actual desayuna conmigo cada mañana, como si hasta él supiese qué coño hacemos aún pegados y fingiendo ligar. Lo vigente se está dando de golpes con lo arcaico, y yo no sirvo ni para alejarles. me reconozco en los ojos miel, en los otoños pasados y en las viejas retinas. estoy cambiando; y me crispa no poder contestar a lo evidente, pero es que sólo tengo veintiún años. veintiún años y muchas noches sin sueño.