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3/01/2014

la ciudad se volvió entonces un campo de minas y miradas caprichosas. las carencias del presente mirando burlón al pasado más inmediato, a las frases subrayadas de nuestros viejos libros, de todos aquellos que nunca leímos, o de los que no comprendimos a tiempo. la alegría autoimpuesta de las mañanas tirados entre apuntes, café y besos. un olor a nuevo, tus ganas por lo actual y aquella habitación dorada con las pintadas aún frescas, con el olor a julio en el aire, con las manos azules encadenadas al cielo. y si le tocabas temblaba, y cuánto más transcurría el tiempo más razones tenía de considerarlo impagable e irrepetible. a la par que aberrante y enfermizo. la primavera más corta de la historia se presentó de improvisto, casi sin buscarlo. y dió igual.. vaya que si dió igual..porque entonces le mirabas y lo veías, a ras del suelo, al filo del día a día, comprendiendo cada una de tus palabras, bebiéndolas embobado, como si fuese la primera vez, sabiendo que se jugaría lo poco que tenía por repetir esa sensación eternamente.  la ciudad dejó de ser tierra y cobró aire en cada poro. 
las aceras se volvieron mis pulmones, las calles tus pupilas, los semáforos nuestros latidos.  marzo llegó de golpe sin avisar, y de la arteria principal colgó tu corazón.