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2/18/2014

como una enorme explosión, como un avión en llamas, es casi por inercia y casi por sorpresa. cien días y cien noches, como si lo fuesen, desde la cuesta de enero y el valle de febrero con el traductor abierto, los cafés volando y los post-it de buenos días, de suerte en el examen que toque hoy, de qué frío hace fuera, de compra vino al volver. cien días y mil noches echándote de menos incluso cuando te tengo pegado a mí, sin barreras de por medio ni miradas de reojo. entre medias apareciendo a lo lejos un rellano saqueado, mis manos congeladas por el espectáculo de ayer y un corazón de tiza chocando contra la pared. lo místico ganándole el pulso a lo racional, aún a sabiendas de sus propios límites, siendo plenamente consciente del número de horas autoimpuestas en el banquillo, en segunda, en la fila de los rezagados. la burocracia nos guiña el ojo y burlona nos devuelve unos resultados inválidos y defectuosos. lo académico vendiéndose a las apariencias y a los pies por tu cara bonita y algo de labia. pero en realidad todo esto da un poco igual, porque sé que sólo son treinta días con sus treinta noches bajo tu edredón esperando a la primavera. treinta días esperando al aire azul, al sol acariciando mis tejanos rotos, a las voces rasgadas por la música y a un polvo de estrellas y alegría que nos despierte desde tu balcón.
lo cierto es que cuánto más pasa el tiempo menos fiel creo que le estoy siendo a lo que un día llamamos vida y más acorde a lo que me dijiste hace tiempo de que pese a todo, fuese a donde fuese, seguiría llevando conmigo la pasión de escribir