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2/26/2014

cada noche muero un poco y cada mañana renazco. si tú estás cerca ambas cosas cobran fuerza y se vuelven evidentes a los ojos de cualquiera. cada madrugada que salgo pierdo algo, ya sea material o no; vuelvo con moratones, no siempre físicos y aprendo algo nuevo, aunque lo olvide al día siguiente. cada tiempo aplica un compás distinto y persigue un ritmo diferente según con quién esté, según donde esté, según cómo esté. en cada anochecer miro al cielo a sabiendas de que tu mirada seguramente esté más cerca del suelo. en cada fiesta te busco, rastreo tu cara entre las luces, el humo y la gente, y siempre termino encontrándote. cada noche muero un poco y cada mañana renazco; si tú estás lejos ambas cosas restan fuerza y se vuelven evidentes a mis propios ojos. el espejo me devuelve una imagen borrosa y distorsionada. la nostalgia es arder por dentro pero sólo echar humo. restándole sal al menos duermo sin tí. y mirando al balcón pienso que lo hago en paz, al menos por esta noche, y porqué no las mil siguientes



















2/18/2014

como una enorme explosión, como un avión en llamas, es casi por inercia y casi por sorpresa. cien días y cien noches, como si lo fuesen, desde la cuesta de enero y el valle de febrero con el traductor abierto, los cafés volando y los post-it de buenos días, de suerte en el examen que toque hoy, de qué frío hace fuera, de compra vino al volver. cien días y mil noches echándote de menos incluso cuando te tengo pegado a mí, sin barreras de por medio ni miradas de reojo. entre medias apareciendo a lo lejos un rellano saqueado, mis manos congeladas por el espectáculo de ayer y un corazón de tiza chocando contra la pared. lo místico ganándole el pulso a lo racional, aún a sabiendas de sus propios límites, siendo plenamente consciente del número de horas autoimpuestas en el banquillo, en segunda, en la fila de los rezagados. la burocracia nos guiña el ojo y burlona nos devuelve unos resultados inválidos y defectuosos. lo académico vendiéndose a las apariencias y a los pies por tu cara bonita y algo de labia. pero en realidad todo esto da un poco igual, porque sé que sólo son treinta días con sus treinta noches bajo tu edredón esperando a la primavera. treinta días esperando al aire azul, al sol acariciando mis tejanos rotos, a las voces rasgadas por la música y a un polvo de estrellas y alegría que nos despierte desde tu balcón.
lo cierto es que cuánto más pasa el tiempo menos fiel creo que le estoy siendo a lo que un día llamamos vida y más acorde a lo que me dijiste hace tiempo de que pese a todo, fuese a donde fuese, seguiría llevando conmigo la pasión de escribir

2/05/2014

'este grupo manifestaba un afán indescriptible por vivir, considerado lo único sagrado. por supuesto que se identifica una especie de romanticismo norteamericano. les brillaban los ojos, a estos individuos, filósofos cínicos. bien vale la pena, desde este punto, replantear el trabajo del intelectual recluido en una institución. los beats son dignos de tomar en cuenta porque van de terminal en terminal, de vagón en vagón, charlando amablemente, a veces con una botella en la mano, con un cigarrillo de marihuana o liándose a golpes en una borrachera, sin exclusiones por no tener el último título de maestría o doctorado. en un vagón da lo mismo ser vagabundo o doctor. lo que importaba era vivir al máximo, como lo hacían los románticos alemanes'

2/04/2014

lo atípico se liga de calle a lo convencional. la obsesión está en la raíz de los triunfos; al sur de mi escritura, y en la médula espinal de los fracasos, puede que al norte del talento frustrado. pero sobre todo se cuela en el centro de la alegría o la tristeza. los inviernos me devuelven negativos de un tiempo que ya fue, haciendo que me pregunte si seguiríamos entendiéndonos, como en mi primer invierno lejos de casa. seguro que sí, aunque ahora nuestras pisadas estén a años luz de distancia. porque tú también lo eras, y supongo que lo sigues siendo. hablo de la obsesión por odios, aquella que se arraiga en el asco que te producen ciertas posturas, el hastío por la rutina o la amargura de los domingos por la tarde o los ojos cansados. obsesión por las carencias, por alineación, por espejismos, quimeras e ideales. la idea en su rama más simple, hasta un límite enfermizo, pasando de cero a cien en menos de un segundo. aquella que hace que seas capaz de ahogarte en el primer vaso del bar y a la vez desenvolverte para que te inviten a cuantos quieras. cogiendo cualquier bus con fecha de vuelta abierta, por puros nervios y muriéndote por dentro sabiendo que algún día tendrías que volver. febrero también me recuerda a aquel tipo de barna que tocaba cerca de la estación de francia, el violinista de siempre, el músico de al lado. él también creía que lo impulsivo le ganaba el pulso a lo establecido. claro que eso era hace años, quién sabe si lo seguirá creyendo, después de tres crudos inviernos. al fin y al cabo el talento es como la suerte, no puedes congelarlos eternamente