x

9/11/2013

Gatos de acero

no sé quién dijo que deberíamos usar el pasado como trampolín y no como sofá.
lucas ottone- que para mí, aunque a él le pese, siempre será el hermano mayor que me hubiera gustado tener- me escribió hace ya unos meses cierta frase en mi libreta roja- que ahora andará malviviendo con torán- diciendo algo así como que la felicidad era el deseo de repetir. 
en febrero la leí. en marzo me gustó. en abril la odié, en mayo me aburrió y ahí se quedó, como una de tantas otras citas escritas en una libreta que lleva ya un par de años dando vueltas de mano en mano. 
y justo hará más de un mes cuando salimos por el barrio gótico los que estábamos en barna. Cenamos en la plaza del tripi, bebimos algunas birras, descubrí el bar clandestino- que me pareció precioso- y acabamos en el garito del gato mel (que en realidad no se llama así pero se quedó con ese nombre por una noche del verano pasado)
El caso es que era mi última noche en barcelona hasta dentro de mucho tiempo, probablemente hasta diciembre, y yo languidecía intentando no arrastrar con ello demasiada nostalgia, como siempre me pasa. cuando nos despedimos cogí la bici en liceu y bajando por las ramblas llegué al puerto. Las calles se iban fundiendo unas con otras como en un círculo infinito, como si fuesen un laberinto de fotografías congeladas y pegadas al mismo suelo. y ocurrió que mientras recorría el camino de vuelta a casa me entró un vértigo tremendo que me entumeció las piernas, me secó la boca y me dejó en el aire. y yo pedaleaba cada vez más deprisa y hacía muchísimo calor, la humedad del mar comenzó a rizarme aún más el pelo y las mil perlas de sudor caían de forma bestial por todo mi cuerpo. tanto y de tal forma que sentí cómo se me dormían las manos y cómo la sangre comenzaba a presionar las sienes. de pronto el zumbido del ruido de los coches se fue haciendo cada vez más fuerte hasta que todo dió vueltas y pareció que mis pies se fundían con la acera como si aquello fuese barro. y entonces me acordé de la frase de kundera, de aquello de que la felicidad es el deseo de repetir. 
y me dí cuenta de que hay muchas cosas que nunca se podrán repetir, incluso aunque lo intentásemos, aunque pusiésemos toda nuestra voluntad, todas nuestras ganas. aunque volviésemos a reproducir las mismas personas, el mismo lugar, las mismas formas e incluso la misma emoción. porque pese a todo lo que nunca podríamos recrear sería el mismo tiempo. el tiempo es un cabroncete, se nos escapa- con nuestros recuerdos, nuestras historias, nuestra nostalgia. el tiempo es lo más poderoso, el arma más letal a tantas y tantas cosas..es lo que mantiene las épocas separadas, lo que evita reproducir una vida en círculos cerrados. lo que mata relaciones y aviva otras. es lo que nos incita a seguir, aún a sabiendas de que ciertas sensaciones ya nunca volverán de la misma forma. el tiempo es un cabroncete, sí. pero también es nuestro mejor aliado, el punto clave para seguir avanzando, para reinventarnos y superarnos a nosotros mismos. para cambiar y renacer.
...
aún no sé muy bien cómo catalogar este verano. está llegando a su fin y siento que ha sido raro en muchísimos sentidos y precioso en todos. la lucía que comenzó sus vacaciones el 28 de junio y la actual del 11 de septiembre.. enfin, el tiempo. el tiempo provoca maravillas.
son las cinco y media de la mañana y me caigo de sueño. madrid me has regalado otra de tus mágicas noches. well,
buenas noches.