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2/24/2013

La verdad se parece mucho a la falta de imaginación

el otro día después de muchas horas jugando con el long (más bien él jugando conmigo) mil moratones y sobre todo mucha chulería acabé comiendo pipas torrándome al sol y bebiendo cervezas con un amigo en la pedrera. 
decía Gide que se necesita mucho talento para hacer soportable un poco de genio. 
Yo tendría trece años cuando le dije a mi profesora de química del liceo (una señora realmente simpática pero que desprendía olores desagradables) que había oído que en algún momento se podía mandar al garete todo lo científico y centrarse sólo en lo literario, pero que no sabía en qué curso era, que si me lo podía decir. al parecer a la pobre señora esto la tuvo que marcar mucho porque, aparte de mirarme como si le hubiese dicho que quería incendiar el laboratorio allí mismo, concertó una cita a los pocos días con mis padres para decirles que estaba muy preocupada con su hija lucía y su rechazo al ''bloc scientifique'', que era el primer año de química, que apenas llevábamos un trimestre y que en años de enseñanza era la primera vez que le ocurría esto con una alumna. obviamente a eso le siguieron muchas charlas paternales, muchas horas de clases de physique chimie, svt o mates, muchos exámenes y muchos años más hasta deshacerme totalmente de cualquier rastro científico. 
Cuando llegué a primero de bachillerato desemboqué en el primer ambiente (supuestamente) artístico. realmente ahora cuando lo miro desde fuera me inspira cierta nostalgia, esa lucía que creía haber llegado al clímax de lo talentuoso, de lo intelectual, la cúspide de un (supuesto) lado humanístico. me inspira casi la misma ternura que la lucía que llega con dieciesiete años a barcelona creyendo que encontraría pasión en todo y multitudes bohemias en la puerta de su universidad tocando la guitarra y fumando hierba. pero fuere como fuese, yo siempre he despreciado esa superioridad que se atribuyen los que estudian el lado científico- esos que dividen el mundo en dos- letras o ciencias- y que le otorgan un valor mucho mayor al segundo. Y conste que en esto me siguen sacando de quicio muchísimos, en supeditar al valor de la inteligencia el cursar una carrera contraria a lo humanístico y conste también que yo soy la primera que dice que no hay punto de comparación entre ambos mundos. sin embargo hay algo que me resulta aún mas insoportable que esa creída superioridad de los científicos, y es el  pedantismo en el medio artístico. qué ingenua- de verdad- qué terriblemente necia era yo pensando que en este terreno no me toparía con la superioridad, el narcisismo, el ego por los aires o lo que es peor, la falsa modestia; lo que es aún peor, el escalón del talento comprado. al fin y al cabo los futuros ingenieros/químicos/médicos/etc hablan de algo terrenal, se quedan en un plano que- aunque a menudo pueda considerarse pretencioso- pertenece a lo real. Ellos llegan y te dicen que con su carrera lo van a tener más fácil para encontrar trabajo, que implica más esfuerzo, que tiene mayor valor que tu futuro título de historiador/periodista/traductor/etc.. al fin y al cabo lo que hacen es sencillamente supeditar conocimientos numéricos y derivados a otros más intelectuales pero de menos provecho, según ellos, en la sociedad actual. Pueden sacar de quicio a muchos pero el futuro ingeniero suele entrar en la universidad con la mirada más humilde hacia el mundo, sin salirse de la pared estándar del molde del trabajador normal y corriente que intenta ganarse la vida de la mejor manera posible.
En cambio aquellos que entran en carreras que a día de hoy se consideran suicidios laborales- véase filosofía, humanidades, comunicación audiovisual, historia y un largo etcétera- y que encima lo hacen en una universidad de prestigio, no entran sino que irrumpen (o al menos muchos de ellos) con los ojos abiertos como platos y con la seguridad bajo el brazo de que tienen algo, el talento que sea, para permitirse elegir esa carrera suicida. 
Hasta aquí todo bien. el problema es la ambición. el error es la seguridad. el fastidio es la vanidad y lo insoportable es la creída superioridad. Y todo ello vertido en demasiados juicios de valor, demasiados retos de cultura y sentencias de moral. Hay que ser emprendedor, y es normal e incluso sano abundar en proyectos, en crear nuevos cortos, en hacer fotos, en organizar exposiciones, proyecciones y en general alimentar el arte que aún estás desarrollando. pero de verdad, ¿qué es eso de juzgar al vecino porque no sabe de qué va el cine de herzog o de godard? ¿qué es eso de asegurar que estás convencido de que acabarás siendo famoso? ¿qué ganas pisando lo que se te ponga delante con tal de ganar dos trozos de familla y más comida para tu ego? ¿dónde dejas la humildad y la posibilidad de que haya mejores que tú? ¿crees de verdad que eres único en tu campo? ¿cuando hablas de publicar en vez de escribir, qué se pretende? Ser pedante hasta la médula no nos convierte en intelectuales, no aceptar opiniones contrarias es un bloqueo innecesario, ignorar las críticas no va a permitirte avanzar y desde luego estar convencido de que eres un genio y de que progresar en el ámbito que quieres sólo depende de tí te hace irrumpir como el narcisista peor parado de la historia.  el otro día fuimos a ver la expo de Alberto García-Alix- una pasada, porcierto- y por ahí abundaban egocéntricos por doquier. Barcelona es la cuna de personas de cierta categoría artística que llegan con los ojos como platos buscando hacerse un hueco en toda esta fauna. a mí esto no me molesta, lo que me rebota es escuchar cosas como 'seremos los próximos' 'mi trabajo es mucho mejor que el de éste' o 'ah pero cómo no puedes conocer la obra de George Brassaï?!'  
Me aburren porque son estatuas de moldes prefabricados, son conversaciones dictadas, son la sociedad del aparentar, del fingir, del crecerse, del egocentrismo y la presunción. representan lo que media ciudad piensa y lo que la otra escucha como alelada, la mitad bohemia y afectada, la parte del quiero, puedo y encima lo voy a conseguir. y lo mejor es que lo sé, lo mejor es que no hay duda, lo mejor es que ya me verás dentro de diez años. realmente no me gusta generalizar y menospreciar de forma barata, y está claro que en esta pecera en la que andamos metidos hay artistas en mayúsculas y gente interesante a borbotones, pero a menudo se me hacen tan cansinas ciertas posturas, ideas o meras convicciones que preferiría mil veces tener frente a mí a cientos de ingenieros despreciando lo humanístico, de veras. es que ya lo decía Gide, realmente hace falta MUCHO talento para hacer soportable un poco de genio