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1/03/2013

"Yo no creo en el destino y más bien me parece que todas las cosas pasan porque uno se empeña en que pasen, a veces un poco a la fuerza, es verdad, pero eso no le hace a uno menos responsable ni gilipollas"

Dicen que los inicios marcan forzosamente cualquier historia. Mi 2012 comenzó en pucela, un frío helador, en un gigantesco hotel donde fuimos toda la tropa y nos pasamos la noche bailando, bebiendo y riendo. anita y yo volvimos a vivir otra nochevieja juntas, con los papelitos en la suela de los zapatos, la prenda roja, los arreglos en garcía morato 31, las estampidas en el pasillo, la enorme familia loca que tenemos piropeando y los momentos míticos que se repiten cada año y sin embargo varían su sello personal. mi 2012 comenzó de la mejor manera posible, volviendo a barcelona y viviendo unos días de enero realmente especiales, con una ciudad absolutamente dormida, el paseo del arc de triomf desierto y aquella luna alegre. Sin embargo cometí un error el resto del año, y es que dejé que el inicio marcase el resto. no algo especialmente en concreto, sino el recuerdo del 2011 en general. viví un 2012 bonito pero excesivamente nostálgico. sí, vale, acabé primero de carrera, nos pateamos londres, viví de nuevo mil aventuras aquí y allá. conocí afev, el mundo del casal del barrio de besòs mar, la gran familia, los martes con el pequeño joan y el resto. una realidad paralela en una ciudad que yo siempre he creído pequeña. no se me olvidan los mil viajes en bus tren o avión. de nuevo fiestas, nuevos descubrimientos, nuevas caras, más escritos, descubrí la vida de festivales de música, volvimos a parís, hubo findes en la casa de campo de grandes desfases, más autores, más experiencias, más enfados, viajes en coche de lo más surrealistas; también hubo muchas primeras veces. la primera vez que estudié en la playa unos exámenes, la primera vez que me subí a una caravana en mitad de segovia, la primera vez que tomé conciencia de uno de mis grandes miedos, la primera vez que conducí un coche y casi me estampo contra la policía, la primera vez en la que estuve a un paso de que me detuviesen por escándalo público en el aeropuerto, la primera vez del falso fin del mundo. Cumplir diecinueve, perderse para encontrarse, zanjar viejas historias, curar llagas en la piel o el corazón, pillarte con pupilas dilatadas, las varias meteduras de pata, unas borracheras muy graciosas. Irrumpir en nuevas azoteas, disparar más fotos, cubrir más cielo, manejar más fotografía analógica, rodar con cámaras super ocho y tantas otras historias que hacen de éste 2012 un gran año. lo que ocurre es que a mí esto no me basta. yo no sé a qué atribuirle el nombre de felicidad, y poco me importa, porque tampoco la deseo. le decía calvin a hobbes que la felicidad no era suficiente, que él pedía euforia. pensándolo bien lo que quiero de este año es llegar al 2014 asumiendo que han pasado 365 días y diferenciándome de la lucía del año anterior, porque cuando acabé mi última uva esta nochevieja sentí que la lucía del 2012 tan sólo era una réplica experimentada de la del 2011, y me falló algo. y cuando me desperté el día uno me dolía todo el cuerpo, y sabía muy bien que no tenía nada que ver la noche anterior. 
Realmente yo no sé si esto es insatisfacción o ansia egoísta por más vida, no sé si estoy en lo correcto y lo cierto es que poco me importa. yo lo que quiero es sentir que de verdad estoy convencida con lo que estoy haciendo, ya sea en rutina viajes o proyectos. 
supongo que en esto tendrá razón lorenzo silva, supongo que todo esto podría resumirse en que lo importante no es estar en lo cierto, sino estar agusto. 
asique con pie derecho, muchas ganas y superación, allá vamos 2013.