x

1/16/2013

Donde ninguno manda, mandan todos. Donde todos mandan, nadie manda. Es el caos. Según cierto filósofo el caos se encuentra en mayor abundancia cuando se busca el orden. Y siempre derrota al orden porque está mejor organizado

Me gustan a rabiar las madrugadas porque soy muy peliculera. me gusta que el reloj marque las doce en especial, esas doce en punto, el comienzo de un limbo imaginario entre la realidad la rutina y las propias ganas. me gustan porque mientras transcurren todo parece irreal, como si hubiesen separado lo diurno de lo nocturno, como una enorme franja partida en dos de la cuál subyacen dos mundos completamente distintos. me gustan las doce porque las estrellas de mi cuarto brillan con el triple de intensidad y porque es la hora en la que los hay que deciden salir porque no están dispuestos a dormir y tirar al garete una noche así como así. Las doce porque es cuando muchos entraríamos en trance, en general aquellos que se dejan ir- como huracanes, como tremendos fogones- aquellos que ves en mitad de una pista con los ojos cerrados bailando, como idos, como flotando en el espacio. los que les da igual que sea lunes y te llaman para salir a ver a monologuistas en bares perdidos. son gente asociados al ''lo quiero todo y lo quiero ya''. yo lo quiero todo y lo quiero ya, y eso es un problema porque uno no puede tenerlo todo y aun menos tenerlo ya. yo qué sé, es lo que tiene ser impulsiva. es una cagada, sí, pero es lo que hay. vivir una realidad paralela en la cuál tú te empeñas en vivir como en un jodido fotograma. Ir a fiestas en un casoncio del barrio gótico y acordarte de Andrea, la prota de Carmen Laforet, y mientras la mayoría está en una enorme farra, tú además estás en una novela. O recorrerte europa con tus amigas, con el macuto y toda la pesca, y sentirte como willy fog. y escribir en cuadernos de viaje con el traqueteo del tren, pintar las paredes de las distintas ciudades, encontrarte con otros viajeros, dejar la huella en colchones de albergues juveniles. Más tarde la gente te hablará de un simple interrail y tú pensarás en tu gran vuelta a europa en treinta días. Es como volver a casa por portal del angel y sentirse como si volvieses a la ciudad condal de zafón y los sempere, ir a bares como el 4 gats y creer que fermín romero de torres realmente existió y pasó por ese mismo sitio donde estás sentada. que los despertares en pisos de estudiantes se vuelven capítulos de series, capítulos de tu propia autonomía, los besos párrafos de poesías y los viajes en bus auténticas travesías.  Ésa es la cagada de ser peliculera. que donde tú ves cielo igual es mar, que mientras el resto planea tú surfeas, que tierra y aire de pronto se vuelven dos superlativos que usas totalmente a la ligera. 
realmente yo no sé hasta qué punto ésto se podría considerar inmadurez, fantasía o simplemente lo que muchos llamarían palabrería. yo sólo sé que a partir de las doce suelen ocurrir las historias más divertidas, aquellas con las que podrías escribir cientos de capítulos de novelas de aventuras que dan ganas de vivir, aquellas con las que a la mañana siguiente quieres volver a coincidir, aquellas que te congelan el júbilo y te hacen flotar a muchos kilómetros de aquí. aquellas que te provocan enormes carcajadas..enfin, ya sabes, aquellas que hacen que no puedas parar de reír