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12/14/2012

la pugnacidad crítica, el humor acerbo, la gracia verbal, las audacias imaginativas y otros asuntos de los que lulú no sabría hablar a tiempo presente

 ''Empecé a escribir ''las edades de lulú'' en otoño de 1987. 
Si tuviera que definirme a mí misma por una virtud, no sabría cuál escoger. Ninguna de mis virtudes, muchas o pocas, podrá competir jamás en intensidad con mi defecto, mi pecado principal, al que no dudaría ni un instante en recurrir para definirme a mí misma. Porque si yo soy es porque soy soberbia. Tan sobremanera, tan extremadamente soberbia, que a esta debilidad le debo gran parte de mi fortaleza. La soberbia está en el origen de mi ambición y de mi tenacidad, la soberbia me libera de pasiones tan literarias como la envidia- y la soberbia, además, ha sido la responsable de la mayor parte de mis disgustos, decepciones y fracasos que he padecido en mi vida. No existe caída más dura que la caída de una persona soberbia, ni un estupor semejante al que un soberbio prueba al caer. Tampoco existe, o al menos yo no lo conozco, un estímulo tan feroz como el que aprieta los dientes de una soberbia despechada''