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11/18/2012

Yo también creo que todos tenemos un sueño aparcado en el ático de arriba. algunos lo escondemos, otros lo exhiben, y el resto puede que ni sea consciente de ello, pero la utopía sigue ahí. Conozco a más de uno que daría esta vida y las cien siguientes por convertirse en un exitoso director de cine. me conmueven los que divagan con lograr un futuro donde se les reconozca como brillantes escritores, ilustres filósofos, ensayistas de categoría o críticos intachables. soñadores que se dejan la piel y las ganas pintando sueños en forma de cuadros, y cuadros en forma de sueños. músicos que le dedican horas y horas a su instrumento, ya sea en un sótano cutre de barcelona o el mejor conservatorio de madrid. admiro por partes iguales a los cien mil aspirantes a actores y actrices, galanes y féminas que darían lo que ni ellos saben por hacerse un hueco en un mundo tan grande, pequeño, fanático, duro y precioso. pero no me quedo en el mejor de los mundos, no me quedo en el mundo artístico. también me refiero a los matemáticos, ingenieros, médicos, abogados y demás profesiones mundanas. Ilusos, visionarios, idealistas de cualquier género, tipo y clase que aspiran a llegar a la cima más alta del arte que están alimentando. les veo, me veo, con el pasado a cuestas y el futuro a rastras, con los ojos inquietos, con la mirada achispada, con los vaivenes, los pasos en falso, los que diste bien creyendo dar mal e inversamente. las rimas que sacuden las coincidencias, la ilusión que cobra sentido e incluso la poca lógica en ésta confianza. me gustan porque los verdaderos no están convencidos de su éxito, los reales nunca tendrán la plena confianza de su éxito o su fracaso, por muchas derrotas o muchas victorias. porque el talento es como la suerte, sólo se les reparte a algunos. a los quijotes del siglo veintiuno.