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11/06/2012

Noviembre llega de color rojo,

Cuando mi profe de francés nos habló por primera vez de Sartre le odié. No a mi profe de francés, a Sartre digo. El marti es el mejor profe que he tenido nunca, y no sabéis cuánto siento que algunos nunca podáis comprobarlo. Pero sin sentimentalismos. recuerdo que fue un martes y recuerdo que volví a casa con mal cuerpo, cabreada, cansada y con esa desazón de no entender el puto existencialismo que ya había descubierto leyendo ''le deuxième sexe'' de beauvoir-que por cierto fue feminista y una mujer admirable-. Yo por entonces tenía un ego mucho mayor que el que tengo ahora, y no entendía aquello de que sólo tomásemos conciencia de nuestra existencia con la mirada del otro, me rebotaba que para discernir nuestra propia realidad necesitásemos a toda costa un visado del otro. El marti nos habló de la famosa frase ''l'enfer c'est les autres'', aquello de que el infierno eran los demás y la famosa escena de los tres encerrados eternamente, condenados a soportarse de por vida. y yo no entendía cómo podía aquello considerarse un infierno. Por ende me resultaba penoso y angustiante asumir la visión pesimista de una vida que carecía de sentido, una vida que sólo lograba concebir el sentido que nosotros mismos pudiésemos darle. El tipo decía que teníamos que proyectar una vida que dependería únicamente de nuestras decisiones porque era lo único que nos quedaba y lo único cierto. Y es que he aquí el mayor horror de la filosofía de este hombre: la independencia como primer y último capítulo. Asique con dieciséis años me encontré con un tipo de gafas que decía no sólo que existimos únicamente en la medida en la que nos realizamos sino que la propia acción es nuestra entera responsabilidad. Manda a la basura cualquier posibilidad de destino, señales, influencias y demás factores ajenos. échalos a perder porque nunca existieron y lo único que realmente cobra importancia o materia eres tú. Tú como exclusivo responsable de tus actos y propiedad de la enorme masa social humana. A mí esto me acojonó. me dió qué pensar en muchos días y muchas situaciones y alguna que otra noche. pero tenía dieciséis años y muchos otros asuntos más livianos como chicos, amigas, conciertos, viajes, peleas, padres y demás historias propias de una adolescente de cualquier parte del mundo. el caso es que Sartre no me gustó porque no llegué a entenderlo (y ésto no me extraña porque creo que Sartre es uno de los filósofos que una logra entender con la experiencia y el tiempo y por más que te empeñes es así y no vas a conseguir entenderlo cuando tú pretendas) Asique como no me gustó ni lo entendí lo desheché. me leí la nausée y les chemins de la liberté por obligación y me negué a abrir ninguno más.
Ahora vivo en Barcelona tengo diecinueve años y, casualidades de esta vida, me topé en octubre con el muro. El muro es un libro de Sartre. no me encontré con él en ninguna librería con olor a libro viejo ni en una preciosa estantería. Lo compré en un puesto cutre de un mercader ambulante que encima me lo quiso vender en catalán y tuve que rebuscar para encontrar el puñetero libro en castellano. Ni yo misma sé porqué lo compré odiando tanto al autor. Sería porque costaba 2 euros y me recordaba a cuando verdaderamente estudiaba cosas literarias. El caso es que lo leí y volví a encontrarme como tantas otras veces con la lucía del pasado mezclada con la del presente. en esto coincido con lucía etxebarría, que dice que siente que en ella hay una multitud de lucías. Entre ellas una lucía sociable y alegre y una lucía depresiva e inestable. 
el caso es que leyendo el muro sentí un agujero blanco-que no negro-en el estómago. Sartre tiene esa virtud o ese defecto, no sabría decir, de dejarte en medio de la nada, como de un domingo sin nada qué hacer se tratase, como esperando de la nada un todo, como la llegada del lunes o del tedio, o el fin de unas vacaciones o aquellas etapas en el limbo, el paso de niña a adulta, o instituto a universidad, o yo qué sé. Pero mientras lo leía me sentí mucho más cercana a aquel jodido existencialismo que tanto odiaba. de pronto iba a ser que el tipo de gafas tenía algo de vida y razón en el cuerpo. que dependemos de los otros tanto como de nosotros mismos, que existimos en constancia del resto. que los ojos que nos miran se convierten en los nuestros propios, que sudando ríos de tinta escribimos lo que nosotros mismos negamos, que independencia se confunde con control y que a menudo control roza la obsesión. que nos quedamos quietos, a veces tan quietos que da miedo. Que los muertos no sólo son los que están bajo tierra, y que yo conozco a muchos vivos que llevan años moribundos perdidos. que estamos en una crisis pero de valores y sueños. que nos comemos los unos a los otros. que nos quejamos de más, nos quejamos de VICIO (sí angel tenías razón, nos quejamos demasiado). Y yo creo, pese a que ahora esto suene un poco surrealista, que la teoría de Sartre es muy verídica. normal que de miedo. da miedo porque es real, es tan real como la vida misma. Es la filosofía más palpable que he leído en años, de innegable resulta angustiante. pero dentro de todo ello, se basa en libertad. la propia filosofía va por libre. yo creo que la base del existencialismo de sartre es que deberíamos asumir que nos tenemos a nosotros mismos, con todo lo que ello conlleva. Yo concibo esto como una novela o una película o un cómic si prefieres. Tú naces y vives y vives y vives. Y quien sea que haya creado este set de rodaje llamado tierra era un gracioso de narices, es un director de la hostia, un cínico romántico alegre y pesimista y todo junto. El set es ENORME, estamos rodeados y solos a la vez, y de lo que no somos del todo conscientes es de lo libres que somos para movernos actuar decidir cambiar e incluso morir cuando queramos. dándole el sentido que nosotros queramos darle.

y es cierto que todo esto es muy interesante,  pero no niego que lo será aun más cuando lo hablemos con una botella de vino, y los ojos brillantes, y muchas risas y por supuesto el tocadiscos con pink floyd sonando de fondo.