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10/09/2012

Se le nota en la voz, por dentro es de colores

Hace una semana perdí un carrete con veintisiete fotos de las últimas tres semanas y me dí cuenta de que al perder aquellas fotos perdí, en cierto modo, 27 fotogramas sueltos de mi vida. El jueves pasado caí en la cuenta de que yo no suelo usar la palabra ''publicar'' sino ''escribir'', y me gustó porque creo que alguien que piensa en publicar antes que en escribir nunca ha sentido verdadera pasión por la literatura. Quince días después me dió un ataque y tiré mil prendas del armario; ahora tengo medio armario vacío por rellenar y mucha ropa por encontrar. Estoy aprendiendo a cocinar, y he de admitir que no es tan fácil como creía, pero sí mucho más divertido de lo que imaginaba. Éste sábado Albert me llevó en moto y mientras recorríamos la diagonal me pregunté si realmente merece la pena el peligro que supone utilizar ese trasto de dos ruedas. Ese mismo sábado descubrí que no puedo juzgar a un chico por su reloj, su camisa o su carrera; y cuando Marc me llamó intolerante pensé que igual tenía algo de razón. Hoy he ido a ver la película de your sister's sister y quiero proclamar a quien lea esto que odio soberanamente los finales abiertos, los odio, al menos en el cine. bueno qué narices, en la vida también los odio ahora que lo pienso. Cuando volvíamos de los cines meliès pensé que cualquier ciudad de noche es la mejor ciudad del mundo, que incluso la ciudad más horrible se vuelve preciosa en horario nocturno. 
por último estuve en un bar la otra noche, cerca de las ramblas. Era un bar lleno de luces de neón rojas donde te sirven las copas más ricas y hay papelitos para escribir y el DJ pone las canciones que le pides y todo el mundo está como en trance y mientras estás ahí parece que la vida es la mejor fiesta de la historia. En ese bar resulta que sonó el sitio de mi recreo de antonio vega. la canción rebotó en mi pecho y en cada centímetro de mi piel, mis ojos lo absorbieron, el pulso se aceleró un poco y luego rebotó contra la pared y volvió al lugar de donde había salido. Fue como si hubiese llevado un chaleco antibalas. Y fue muy revelador porque la verdad, me hizo darme cuenta de que realmente estoy dejándolo atrás, en la caja de los recuerdos, pero porfin atrás.
Y bueno, por lo demás estoy muy feliz. Mañana voy al festival de Sitges y por la tarde me recogen en moto, cosa a la que me estoy acostumbrando y no me quejo. Ésta entrada me recuerda mucho a los textos que escribía con trece o catorce años, y me hace mucha gracia. A veces yo también echo de menos la naturalidad de mis antiguos escritos.