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3/17/2012

''..et il le pensait comme lui, que ce monde sans amour était comme un monde mort et qu'il vient toujours une heure où on se lasse de prisons, du travail et du courage pour réclamer le visage d'un être et le coeur émerveillé de la tendresse.''


Bailar por las calles de Barcelona de noche siempre me recordará al olor que arrastraba septiembre. (''Es tarde, y en verdad tengo sueños pero también tengo sueños que no me dejan dormir'')  
Pero hoy, un sábado cualquiera, un sábado de sol y flores, me acuerdo (otra vez) que dejé mi moleskine roja en madrid. Y no puedo más que arrepentirme de cómo la tiré en la estación de buses de barcelona y alguien cualquiera tuvo que hacer el viaje con ella. Ya se me ha olvidado lo que escribí en ella. Se me ha olvidado incluso lo que me quedaba por escribir. Las historias, o las noches bonitas, las poesías de pocas líneas o las mañanas frustradas. Se me ha olvidado incluso las frases que me dedicaron, o los dibujos que llevaban secretos a cuestas. Lo que pretendía era algo así como intentar responder a preguntas de las cuáles no entendía ni el sentido. Pero se me han olvidado incluso las respuestas que nos podríamos inventar un sábado cualquiera. De veras que sería incapazar de reconstruir todo lo que un día quise decir. 

[..] Lo descubrí una madrugada cualquiera. Tiene esa vena que tenemos todos en este mundillo. El talento imaginativo de crear y alimentar un ego sin límites, o la mirada achispada de aquel que construye su futuro aún sin saber lo que es ahora; incluso las piernas histéricas de tantos sueños por cumplir. Pero la verdad es que a mí todo eso me da igual. Lo que realmente me impacta es la sonrisa, aquella enorme masa de ideas en dientes y labios anchos de vida. Esa sonrisa que veo en todos nosotros, una sonrisa que baila con algo grande, con los mejores años de la juventud. 
La sonrisa de la libertad.
Me dejé mi moleskine roja en madrid y no tengo ni idea de cuándo la volveré a ver. Puede que para entonces ya no me emocione con las historias que congelé en ella y seguramente esté demasiado llena de kilos nostálgicos y lametazos de lunas pasadas. 
Y como para entonces aún queda mucho (y eso que mucho siempre fue un término relativo, tú me lo enseñaste) ahora tengo una nueva. Es más grande pero menos ancha. Es más amplia pero menos gruesa. Escribo menos historias y más realidades. Vivo más cuentos y menos pérdidas de tiempo. Es nueva. Desconocida (aún). Es catalana (esta sí que sí). 
Y la roja.. bueno, la roja ya aparecerá algun día (supongo). Lo cierto es que ahora mismo no la echo de menos, sólo espero que la estén rellenando de buenas historias.