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6/16/2018

Goytisolo lo entendería (mucho mejor que yo)


Yo también quiero decirlo ahora, porque si no después las cosas se complican 
A veces me gusta lo inocuo, lo bárbaro y lo trivial

Ignoro los versos porque me debo a la prosa
Pero detesto la prosa cuando sólo quiero rimas
Que suele ser casi siempre, aunque jamás negocie con ellas
Las paradojas me destrozan el poema 
porque me encantan las iglesias pero odio la religión
me gusta el silencio y no sé callarme
deseo que las cosas duren para siempre, 
y sin embargo desprecio lo inamovible
necesito viajar lejos porque me aburro hasta de mí misma
y por eso reivindico cambios, cajas y mudanzas
para luego repetir lo triste que me resultan los aeropuertos 
y volver llena de nostalgia, embadurnada de pieles mugrientas
Con un incómodo sabor metálico en la garganta 
Lo que vengo a decir con esto es que
me siento reflejada en las letras de un señor muerto
porque yo tampoco quiero que se peinen con mi peine
y también deseo que los muebles estén mil años en el mismo lugar

el caso es que te explico todas estas cuestiones para que asumas que
yo también me ando muriendo a cada rato 
y eso que ni siquiera soy fuerte como él, como un roble
yo soy indecisa, volátil, y pierdo tiempo a conciencia
yo también comprendo las cuestiones más difíciles 
y sin embargo, me ocurre lo mismo que a él
:yo tampoco sé resolver lo que de verdad importa

5/09/2018

14:26 p.m.

De Ray Loriga me quedé con algo que yo tardé su tiempo en entender y supongo que a él también le costó descubrir: uno puede dormir en cualquier parte pero no puede despertar en cualquier parte.

Me quedé con ello por la gracia pero sobre todo por lo novedoso, que es por lo que todos nos quedamos con algo, aunque sea sólo al principio. Lo desconocido atrae por muchos motivos, pero me quedaré con el principal: porque te descubre cosas que no conocías antes. Te lo puedes llevar al plano personal, pero creo que pertenece a un plano colectivo.

En Marzo del año pasado terminé, por cuestiones que no vienen al caso, desayunando vino y galletas a las siete de la mañana en un piso especial del Barrio de La Latina. Supongo que los eufemismos sirven para situaciones como estas, donde lo ''especial'' viene a ser un piso franco lleno de gente, un after improvisado que se convirtió enseguida en un maravilloso vertedero humano. 
En aquel lugar sucedía algo curioso: nadie sabía quién era el dueño, pero todos nos comportábamos como si lo fuéramos. 

Recuerdo que aún era invierno pero ya estábamos en primavera, y lo recuerdo porque acabamos muchos en la terraza en manga corta, pasadas las ocho de la mañana. Recuerdo que hablábamos del patético panorama laboral que nos han dejado a los jóvenes de hoy en día. Fue ahí cuando alguien me preguntó: ¿tú eres periodista, no? Y yo, que aún era oficialmente universitaria, respondí: 'bueno, escribo. No sé muy bien en qué trabajaré, tampoco me importa mucho ahora.' Y entonces, la persona que me había hecho la pregunta, y que me sacaba más de diez años, me dijo la frase de oro, la frase que todo joven ha escuchado alguna vez: ''bueno, tienes toda la vida por delante. Yo en cambio sé lo que hay''. En su frase había un abandono, en su mirada una capitulación. Era un tipo que no llegaba a los treinta y cinco y sin embargo pensaba que su vida ya estaba dictada. No era una edad lo que reflejaba, era un espíritu generacional de descreimiento.  Y yo sentí pena.
Estábamos en una de las terrazas más alucinantes en las que yo he estado jamás, en pleno barrio de La Latina, a pocos días del comienzo de la primavera y desayunando como reyes. Y sin embargo, no pude evitar sentir una tristeza tremenda, una punzada que se me clavó en el pecho y que hizo que se me atragantara la última copa de vino. 
Hace muchos años alguien me dijo que crecer era despedirse, pero no me especificó de qué, o de quién. Me colocó aquel verbo como si yo pudiese, con apenas quince años, darle sentido y forma. A las palabras, la forma y el sentido se la dan los años. Y los años me descubren que aquella despedida es la despedida de la inocencia. Crecer es darse de bruces con la realidad, que no tiene por qué ser mala pero suele ser diferente a como la imaginamos. La ingenuidad es una moneda de cambio, cuyo valor sólo se demuestra con la experiencia. Hoy recordaba esa noche de invierno primaveral pensando que la madurez, que tantos y tantas tienen en un altar, se paga con sudor y lágrimas. Entiendo perfectamente que también se pague con risa y alivio, incluso cuando ambos estén manchados de nostalgia. Todo esto ya lo contaban los libros que me leí cuando era mucho más joven, cuando ni siquiera entendía lo narrado. Eso es lo sorprendente, y quizás también lo desesperante: uno sólo comprende ciertas cosas cuando se vuelven realidad, y no ficción. Cuando se sale a la calle, y se pasa de escribir lo que nos gustaría vivir, a vivir lo que luego escribiremos. 
Me pedirás conclusiones porque todo texto debe tenerlas, pero yo cada vez encuentro más preguntas y menos respuestas. Y no, no me parece algo negativo. Diría que incluso comienza a gustarme. 

5/04/2018

2:59 a.m.

Esta noche estaba releyendo a Sergio del Molino, porque mañana me toca entrevistarle y no me gusta hacerle preguntas a un tipo sin recordar bien su historia. Claudia dice que releer cualquier obra es una pérdida de tiempo, pero yo veo en ello un acto de fe y la evidencia de una lealtad genuina. Releer un libro implica volver sobre tus propios pasos, y retroceder nunca fue tarea fácil. Exige humildad, paciencia y tiempo: tres cosas que todo el mundo cree tener y prácticamente nadie reúne.  
Volver es un nombre de tango pero también un verbo conflictivo y además caprichoso. Suele ser narcisista y te mira de soslayo, preguntándose si vuelves por necesidad o por voluntad propia. 
El caso es que yo he vuelto a pasear por las calles del escritor madrileño, del susodicho que todo el mundo conoce y admira por construir el relato de ''La España Vacía'', y al que yo conozco y admiro por todas las demás obras que no son ''La España Vacía''. Releyendo su última novela me doy cuenta de un hilo que rodea todas sus tramas: lo invisible, lo silenciado. 
Sergio describe ciudades desaparecidas, barrios irrecuperables, personas muertas, sentimientos enterrados, calles sepultadas. Me pregunto cómo no me di cuenta de aquella obsesión con lo que ya no existe, por lo que no volverá. Cómo es que no me percaté antes de algo tan evidente, cuando me he leído absolutamente todos los libros que ha escrito este señor. 
Querría llamarle para preguntarle por qué ha dedicado tantos años de su vida a una obra fantasmagórica, una obra que camina presa de su propia intangibilidad. Que me razone cómo se sustenta una ficción de manera tan nostálgica sin caer en la melancolía, sin reflejar un atisbo de cursilería. Que me explique por qué concibe así la memoria y el pasado, que me argumente por qué defiende que ningún tiempo pasado fue mejor, cuando el presente resulta tan decepcionante. 

Lo que ocurre es que son casi las tres de la mañana y casi todo Madrid está durmiendo. Ya le haré mañana todas estas preguntas, con más calma y esperemos que menos café en el cuerpo.
Buenas noches a ti, lector (seas quien seas) 

4/23/2018

Ojalá el periodismo actual con la filosofía de Libros del K.O. ♥

''Nuestro objetivo es sencillo: recuperar el libro como formato periodístico. Creemos que la crónica periodística puede ser un género muy sexy y somos radicalmente promiscuos: nos encanta la crónica deportiva, el perfil minucioso, la microhistoria en la que nadie se fija, los obituarios, los corresponsales en zonas calientes y los redactores de periódicos de provincia que le buscan las cosquillas a las ruedas de prensa de los prohombres regionales; el cascarrabias Josep Pla y el gonzo Hunter S.Thompson, a quien nos gustaría juntar en una tertulia y ver qué pasa; las revistas para distraídos, como Etiqueta Negra, y las gacetas ilustradas del siglo XVIII; los charlatanes geniales como Julio Camba y los periodistas perezosos como Enric González; los fotógrafos que recorren la ex Unión Soviética para fotografiar satélites y los que dedican su vida a perseguir traineras en una zodiac; los fanzines y los púlpitos, el ciclismo y Chechenia, los columnistas descreídos y las defensoras del lector deslenguadas.

Todo va a salir mal, y nos parece estupendo.''

1/31/2018

La guerra y sus arañas

Hay discusiones que repetimos cada cierto tiempo y que nos gusta debatir aunque ya lo hayamos hecho mil veces. Podría sonar absurdo, si no fuera porque cada vez que sacamos determinados temas a la palestra, siempre hay nuevas ideas enriqueciendo el debate. 
El mundo seguirá girando igual, pero al menos estaremos construyendo una juventud con la mirada y el corazón despiertos. 




1/28/2018

lucha de gigantes

Que veinte años no es nada lo piensas tú y lo canta  Carlos Gardel en una canción que nos vio crecer a los dos. Ahora esa canción la bailamos todos y cuando suena yo recuerdo mi risa, y tu letra escrita en las paredes desconchadas de un piso sin vistas al mar.
Que veinte años no es nada es algo que también piensa Pablo, y todos los mayores, los mismos que nos miran de reojo pensando que nuestro presente brilla sólo por ser jóvenes. No puedo evitar pensar en lo fácil que resulta hablar de una edad que no tienes, de un futuro que no te incumbe, de un pasado que ya no te afecta.
En el salón sigue sonando Gardel y habla de miradas febriles, de frentes marchitas y nieves del tiempo, y por un momento me parece que no hay mejor melodía en el planeta tierra, y que podría escuchar a ese tipo toda la vida sin cansarme. Me gustaría entenderme, aunque sólo fuera por esta noche, y poder explicar por qué de pronto es Gardel y no otro, por qué me da por esta canción y no recuerdo la que pusiste ayer, por qué la música se vuelve memoria, por qué sin memoria no habría música y por qué ando escribiendo esto aquí y no salgo ya para llegar a tiempo. 

10/03/2017

La felicidad eterna o un sandwich de Jamón (Bigas Luna)

"Una vida marcada por tres principios, el sexo, la comida y la vitalidad. Una filosofía impregnada a sus películas y que para él es una forma sencilla de autodefinirse que también tenía algo de marketing, pero que resume bien ese quitarse importancia a sí mismo y al cine que él tenía. (...) Ha conseguido que nos metamos en unos líos, que cuando decía corten pensabas: qué cojones he hecho. Pero es que lo hacía todo muy fácil. Estar con él era una forma de estar con un viento que apenas percibes, pero te está peinando a su imagen. Empezamos con él, muy jóvenes, haciendo una película delicada que podía haber sido traumática. De repente estábamos allí, en pelotas en los Monegros. Lo hizo fácil. 

9/11/2017

Cinco minutos más


Goytisolo escribió, hace ya cierto tiempo, algo así:  ''si son las tres y no puedes dormir / si los muebles comienzan a gruñir / y el viento en el postigo recita tus mentiras... piensa en la vida, fúmate un cigarro/ lo mismo no te mueres nunca más, y alguien te compra unas braguitas nuevas/ las cosas son así, todo es extraordinario''.

Me gusta entender la escritura como la mejor escuela de vida, la única capaz de llenarnos de preguntas que quizás nunca tengan respuesta. Me gusta que aún quede gente vagando por librerías en busca de novelas que ya nadie lee, rescatando así, en cierta medida, la memoria de autores muertos que no deberían pasar al olvido. Y me gusta leerte, especialmente cuando me recuerdas que la literatura es el hogar al que siempre terminamos volviendo, porque nunca nos fuimos del todo. 

4/07/2017

Hoy sonó Juan Wauters, pero cada día tiene una banda sonora distinta

'El calamar se parece al periodista en dos cosas fundamentales: en que puede tomar a voluntad el color que más le convenga y en que se defiende con la tinta. Cuando se siente descubierto, y entonces es cuando echa mano de la estilográfica, instantáneamente se disuelve en el agua un gran chorro de tinta. ¿Qué nos dice en aquel mensaje el calamar? No se ve nada. No se entiende nada. Para evadir nuestra persecución, el calamar ha lanzado el rostro un largo artículo de fondo y se ha escabullido. Dos, tres, cuatro columnas de negra prosa flotan por un instante en el líquido elemento, y o no hay opinión en el fondo de los mares, o esta opinión debe de conmoverse poco. ¡Dichoso calamar que puedes escribir lo que se te antoje sin tener que entendértelas con la previa censura! Feliz compañero en la prensa submarina.'

3/13/2017

De según como se mire

Laclau y sus ideas llevan un tiempo viajando conmigo en metro, en bus, vagueando en casa o animando tardes de biblio. Suele ocurrir cuando alguien me interesa, que me lo llevo allá donde voy. Me resulta especialmente interesante el hecho de plantear que el principio de división social nunca dejará de existir, porque si lo hiciera estaríamos en una sociedad cuadriculada y tremendamente aburrida. El entender la sociedad no sólo como un espacio en el que debe haber posiciones ideológicas contrarias, sino también como un lugar capaz de confrontar esos antagonismos, es algo que nunca había expresado de forma tan obvia otro autor (o al menos yo aún no había leído una mejor versión). Y precisamente eso es lo que me hizo preguntarme, este sábado, hasta qué punto somos capaces de debatir en la época actual. Dónde queda el nivel argumentativo, la capacidad de escuchar ideas completamente contrarias a la nuestra, y de qué forma transmitir las propias. Y no sólo eso, sino hasta qué punto nos interesa hacerlo. 


Hasta qué punto compensa dedicar horas, semanas, meses o años de vida a debatir por el mero placer de hacerlo, sin necesidad de recrearse en egocentrismos o pedantismos. Hasta qué punto compensa trabajar la escucha, la tolerancia y la propia cultura para llevar a cabo un debate sano. Cuánto vale la capacidad de sumarse a esa partida de ajedrez (metafóricamente) de la que habla Laclau. 
Yo creo que tiene un valor incalculable. Un escritor francés dijo hace tiempo que un país vale lo que vale su prensa. Yo cambiaría esa frase: un país vale lo que vale su gente.

3/08/2017

Somos un capítulo más de la historia, hagámoslo bien

Hace una semana elegí la línea argumental de conflictos y relaciones internacionales para mi tesina de fin de máster. Al hablar con un periodista acerca del trabajo como reportera en zonas de conflicto, éste me dijo que debía tener en cuenta que: ese trabajo no era nada adecuado para una mujer. Me lo argumentó tal que así: en esos países os violan, es muy peligroso y requiere resistencia. La mayoría eran hombres, no era necesario meterme en ‘’esos líos’’ para ir a ‘’esos sitios’’. Con mi físico podía orientarme hacia otros perfiles más ‘fáciles’. En los días posteriores se lo conté a otras mujeres. La mayoría no vio ningún machismo en lo que me había dicho aquel periodista. La opinión general era que él tenía razón, que en esas zonas la mujer está en una posición minoritaria. Hubo incluso una que me dijo: ‘’esas cosas mejor dejárselas a los muchachos. Tú con lo mona que eres, podrías trabajar en la tele’’. Todas ellas apoyan y reconocen la importancia del día de hoy. Celebrarán el día de la mujer, llevarán camisetas, pulseras moradas y otros símbolos reivindicativos en la lucha feminista. 

Hay una discusión que se repite, y asumo, cuando hablo sobre el feminismo en la época actual. El esquema suele ser el mismo: sale el tema, yo digo que el feminismo está de moda y que por eso creo que a veces la representación responde más al postureo social que a una toma de conciencia real, y mi interlocutor me mira horrorizado diciendo que cómo puedo quitarle importancia, y más siendo mujer. ‘’¿Acaso no eres feminista?’’ 

Entonces yo intento explicar que sí lo soy, y que precisamente porque me parece un tema primordial me preocupa que se use tan a la ligera y se haya vuelto una muletilla decorativa en la que prima más la forma que el fondo. A lo que me suelen responder: lo importante es que se use y se visibilice, el cómo se haga, da igual.
Bueno, pues no estoy de acuerdo y no comprendo esa forma de concebir la lucha hacia la igualdad. No entiendo que se reduzca a símbolos lo que debería traducirse también en actos, ni concibo el hecho de vestir una camiseta donde ponga ‘’feminism’’ si luego no hago nada para cambiar las cosas. Con esto no estoy diciendo que la reivindicación y las protestas sean algo inútil, porque soy la primera que las defiende, acude a ellas y se emociona (porque soy así de moñas). Pero me emociona aún más imaginar que pueda llegar una época en la que el día de la mujer sea algo tan innecesario como actualmente se considera un día del hombre.
Y eso pasa por el empoderamiento en esferas profesionales y sociales, dejando de tener que reivindicar espacios y pasando directamente a ocuparlos. Pasa por culturizarnos, por leer como si se nos fuera la vida en ello (porque se nos va la vida en ello), por no juzgarnos entre nosotras. Y sobre todo pasa por rechazar los límites que nos impongan por nuestro género, negarnos a dejar que otros nos digan qué es lo que debemos hacer, cómo debemos vestir o comportarnos.
Todo esto, que suena muy bien en el papel, es jodidísimo. Implica mucha valentía y mucho sudor. Y qué coño, también mucha frustración. Y tiene que ser todos los días. Y cuesta, pero termina siendo efectivo. Porque si en cada ocasión que alguien nos diga que ese trabajo es ‘’de hombres’’, y que busquemos algo más fácil, nosotras seguimos trabajando por ocupar esos espacios, llegará un día en el que los ocuparemos y desmontaremos la desigualdad que existe actualmente. 
Y ese día será la hostia, porque no necesitaremos un 8 de marzo.