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12/09/2017

Michael Ignatieff en la entrega del Premio Cerecedo

''El periodismo a veces se da aires de grandeza. Se toma a sí mismo muy en serio hasta el punto de llegar a pretender ser el “primer borrador de la historia” e incluso algunas páginas se llaman a sí mismas “el periódico de referencia”. ¿La referencia de quién? La mejor cura para las pretensiones es simplemente recordar cuán efímero es, recordar que las columnas de hoy, mañana servirán para envolver pescado. Lo sé porque yo mismo he sido columnista. Es un comercio efímero y en ocasiones también perverso. Los periodistas tienen que morder la mano de quien les da de comer: sus fuentes, los políticos, cualquiera que busque su favor o su aprobación. Morder la mano, pero sin arrancarla. (...) Un periodismo que no defienda su derecho a ofender, que no pellizque narices y se ría del emperador desnudo, no merece ser defendido. Los periodistas no están para decidir a quien absolver en un mundo fallido ni para guiarnos hacia una manera de vivir mejor. Existen para contarnos quiénes somos y cómo vivimos.

Confío en los periodistas que piensan que los hechos son tozudos, en quienes cambian de opinión cuando cambian los hechos, en los que escuchan más que hablan, en aquellos cuya autoridad viene de haber estado ahí. Confío en el periodista que se toma la molestia de hablar con unas hermanas que pueden perder su casa en Madrid por un desahucio, que me cuenta lo que las hermanas ganan cada mes, cuáles son las reglas del banco y me explica exactamente por qué estas hermanas lucharán hasta la extenuación para no acabar en la calle. Creo a los periodistas que se esfuerzan cada día por crear puentes que unan a quienes viven en zonas de peligro y en zonas seguras. 

Les agradezco este premio, por el privilegio de una noche juntos en la que podemos comer y beber y charlar sobre este comercio que practicamos, sobre sus sombras y sus luces, pero sobre todo sobre su asociación con el más rebelde e indisciplinado de los valores que atesoramos: la libertad para pensar, la libertar para reír y criticar, la libertad para creer, para tener esperanza y compartir.''

12/01/2017

Acerca del Animal Moribundo, de Philip Roth:

El conflicto de una sociedad opresiva y el yugo de la propia decadencia son recurrentes en la obra de Roth. La noción del convencionalismo y la lucha contra el conformismo se repite en trabajos como “El Lamento de Portnoy” o “La Humillación“. Supongo que por eso la mayoría de sus personajes están inmersos en la eterna lucha contra el despotismo, pero también contra ellos mismos y los valores que saben que deberían respetar. Y, quizás, por esos mismos motivos, el autor dibuja habitualmente unos protagonistas que, a pesar de pertenecer a un entorno privilegiado y gozar de un notable éxito profesional o personal, se sienten frustrados y acomplejados.
(...) Me sigue resultando curioso que la revolución de la década los 60 sea la excusa de nuestro protagonista para explicarnos qué le llevó a cortar sus ataduras familiares, despojarse de toda responsabilidad y dedicar su vida al disfrute del placer. La contracultura que aparece en aquella época no sólo defiende  una anarquía social antibelicista, sino que abarca muchos otros ámbitos, entre ellos la música, el arte, el consumo de drogas o la revolución sexual. Precisamente eso es lo que ilustran las citadas chicas del arroyo, esas mujeres que iniciaron la ola donde primaba la idea de una vida no sólo placentera, sino igualitaria.

10/16/2017

En Valencia se oía y se leía: Els carrers seran sempre nostres


Volver es el nombre de un tango y un verbo con trampa. Estos tres días son un ejemplo, y esta escapada nos vuelve a demostrar que viajar es una de las pocas cosas que jamás nos cansarán. Han sido setenta y dos horas de música, saltos, barro, política, caminatas, playa, paella, debates acalorados, ropa mugrienta y situaciones tan curiosas como la de aparecer en una boda vestidas con la misma ropa del festival, o terminar en un bar de la zona universitaria debatiendo con los dos bandos contrarios sobre la propuesta del trabajo garantizado (propuesta que, por cierto, apoyo). 

Ya de vuelta en Madrid, mientras deshacía la mochila, recordaba las conversaciones en el camping sobre la situación política, y volví a pensar en lo diferente que sería España con un gobierno distinto al actual. Un gobierno capaz de entender la realidad de su país, un gobierno en condiciones de asumir lo que requiere la gestión de un conflicto territorial, capaz de poner encima de la mesa soluciones políticas y no violencia. Volví a pensar lo mismo que defendía en Bétera, porque realmente lo creo posible, y confío en que se logre tarde o temprano. Al fin y al cabo, detrás de todo lo que está ocurriendo últimamente, también está el pueblo. Un pueblo que no se deja manipular, que respeta las diferencias y entiende que la política no sólo está en las instituciones. Las calles fueron, son y serán siempre nuestras. Me quedo con eso, con la esperanza de un futuro mejor y con el trocito de Valencia que nos ha acogido este puente. Y ahora me voy a dormir, porque estoy para el arrastre.   

10/09/2017

0:54 a.m.

Lo peor de nacer en esta época es que todo lo importante ya lo escribieron otros, y me doy cuenta ahora. Lo peor de nacer en esta época tiene que ver con el tiempo que no viví y sin embargo terminé estudiando entre cuatro paredes y recreos de media hora, para entenderlo todo mucho más tarde, en garitos ruidosos, pisos estudiantiles y charlas nocturnas. Lo peor de nacer hoy tiene que ver con un ayer que nunca podré tocar, pero al que paradójicamente siempre quiero volver. Uno crece con lo que puede, y no con lo que debe, y por eso terminamos gastando más inviernos de los necesarios en comprendernos. Lo peor de nacer en esta época es que todas las palabras ya encontraron su sitio, y los pocos que quedan son mediocres o aburridos, que viene a ser lo mismo. Escribo desde un bar mugriento de Chamberí mientras te bebes una birra que me recuerda a los días de sol, y que sin embargo me sitúa en medio de la nada, del vacío más absurdo y el limbo más anodino del mundo. Escribo porque no sé hacer otra cosa, porque me angustia que la tinta no termine nunca y tu cerveza sí. Escribo sobre todo porque no me queda otra y porque sólo me siento joven viéndome reflejada en cuatro papeles con miradas vidriosas. Hablan siempre de lo peor de nuestra época, sin detenerse en lo mejor. Lo mejor es que lo urgente nos queda cerca, los domingos se alargaron y volviste bien a casa. Lo mejor es que la ciudad sigue siendo la misma esta noche. Pienso que algún día tu cerveza se terminará, mi tinta también, y sin embargo Madrid seguirá siendo la misma ciudad siempre. La misma ciudad de ayer, la misma de mañana. 

10/03/2017

La felicidad eterna o un sandwich de Jamón (Bigas Luna)

"Una vida marcada por tres principios, el sexo, la comida y la vitalidad. Una filosofía impregnada a sus películas y que para él es una forma sencilla de autodefinirse que también tenía algo de marketing, pero que resume bien ese quitarse importancia a sí mismo y al cine que él tenía. (...) Ha conseguido que nos metamos en unos líos, que cuando decía corten pensabas: qué cojones he hecho. Pero es que lo hacía todo muy fácil. Estar con él era una forma de estar con un viento que apenas percibes, pero te está peinando a su imagen. Empezamos con él, muy jóvenes, haciendo una película delicada que podía haber sido traumática. De repente estábamos allí, en pelotas en los Monegros. Lo hizo fácil. 

9/11/2017

Cinco minutos más


Goytisolo escribió, hace ya cierto tiempo, algo así:  ''si son las tres y no puedes dormir / si los muebles comienzan a gruñir / y el viento en el postigo recita tus mentiras... piensa en la vida, fúmate un cigarro/ lo mismo no te mueres nunca más, y alguien te compra unas braguitas nuevas/ las cosas son así, todo es extraordinario''.

Me gusta entender la escritura como la mejor escuela de vida, la única capaz de llenarnos de preguntas que quizás nunca tengan respuesta. Me gusta que aún quede gente vagando por librerías en busca de novelas que ya nadie lee, rescatando así, en cierta medida, la memoria de autores muertos que no deberían pasar al olvido. Y me gusta leerte, especialmente cuando me recuerdas que la literatura es el hogar al que siempre terminamos volviendo, porque nunca nos fuimos del todo. 

4/07/2017

Hoy sonó Juan Wauters, pero cada día tiene una banda sonora distinta

'El calamar se parece al periodista en dos cosas fundamentales: en que puede tomar a voluntad el color que más le convenga y en que se defiende con la tinta. Cuando se siente descubierto, y entonces es cuando echa mano de la estilográfica, instantáneamente se disuelve en el agua un gran chorro de tinta. ¿Qué nos dice en aquel mensaje el calamar? No se ve nada. No se entiende nada. Para evadir nuestra persecución, el calamar ha lanzado el rostro un largo artículo de fondo y se ha escabullido. Dos, tres, cuatro columnas de negra prosa flotan por un instante en el líquido elemento, y o no hay opinión en el fondo de los mares, o esta opinión debe de conmoverse poco. ¡Dichoso calamar que puedes escribir lo que se te antoje sin tener que entendértelas con la previa censura! Feliz compañero en la prensa submarina.'

3/13/2017

De según como se mire

Laclau y sus ideas llevan un tiempo viajando conmigo en metro, en bus, vagueando en casa o animando tardes de biblio. Suele ocurrir cuando alguien me interesa, que me lo llevo allá donde voy. Me resulta especialmente interesante el hecho de plantear que el principio de división social nunca dejará de existir, porque si lo hiciera estaríamos en una sociedad cuadriculada y tremendamente aburrida. El entender la sociedad no sólo como un espacio en el que debe haber posiciones ideológicas contrarias, sino también como un lugar capaz de confrontar esos antagonismos, es algo que nunca había expresado de forma tan obvia otro autor (o al menos yo aún no había leído una mejor versión). Y precisamente eso es lo que me hizo preguntarme, este sábado, hasta qué punto somos capaces de debatir en la época actual. Dónde queda el nivel argumentativo, la capacidad de escuchar ideas completamente contrarias a la nuestra, y de qué forma transmitir las propias. Y no sólo eso, sino hasta qué punto nos interesa hacerlo. 


Hasta qué punto compensa dedicar horas, semanas, meses o años de vida a debatir por el mero placer de hacerlo, sin necesidad de recrearse en egocentrismos o pedantismos. Hasta qué punto compensa trabajar la escucha, la tolerancia y la propia cultura para llevar a cabo un debate sano. Cuánto vale la capacidad de sumarse a esa partida de ajedrez (metafóricamente) de la que habla Laclau. 
Yo creo que tiene un valor incalculable. Un escritor francés dijo hace tiempo que un país vale lo que vale su prensa. Yo cambiaría esa frase: un país vale lo que vale su gente.

3/08/2017

Somos un capítulo más de la historia, hagámoslo bien

Hace una semana elegí la línea argumental de conflictos y relaciones internacionales para mi tesina de fin de máster. Al hablar con un periodista acerca del trabajo como reportera en zonas de conflicto, éste me dijo que debía tener en cuenta que: ese trabajo no era nada adecuado para una mujer. Me lo argumentó tal que así: en esos países os violan, es muy peligroso y requiere resistencia. La mayoría eran hombres, no era necesario meterme en ‘’esos líos’’ para ir a ‘’esos sitios’’. Con mi físico podía orientarme hacia otros perfiles más ‘fáciles’. En los días posteriores se lo conté a otras mujeres. La mayoría no vio ningún machismo en lo que me había dicho aquel periodista. La opinión general era que él tenía razón, que en esas zonas la mujer está en una posición minoritaria. Hubo incluso una que me dijo: ‘’esas cosas mejor dejárselas a los muchachos. Tú con lo mona que eres, podrías trabajar en la tele’’. Todas ellas apoyan y reconocen la importancia del día de hoy. Celebrarán el día de la mujer, llevarán camisetas, pulseras moradas y otros símbolos reivindicativos en la lucha feminista. 

Hay una discusión que se repite, y asumo, cuando hablo sobre el feminismo en la época actual. El esquema suele ser el mismo: sale el tema, yo digo que el feminismo está de moda y que por eso creo que a veces la representación responde más al postureo social que a una toma de conciencia real, y mi interlocutor me mira horrorizado diciendo que cómo puedo quitarle importancia, y más siendo mujer. ‘’¿Acaso no eres feminista?’’ 

Entonces yo intento explicar que sí lo soy, y que precisamente porque me parece un tema primordial me preocupa que se use tan a la ligera y se haya vuelto una muletilla decorativa en la que prima más la forma que el fondo. A lo que me suelen responder: lo importante es que se use y se visibilice, el cómo se haga, da igual.
Bueno, pues no estoy de acuerdo y no comprendo esa forma de concebir la lucha hacia la igualdad. No entiendo que se reduzca a símbolos lo que debería traducirse también en actos, ni concibo el hecho de vestir una camiseta donde ponga ‘’feminism’’ si luego no hago nada para cambiar las cosas. Con esto no estoy diciendo que la reivindicación y las protestas sean algo inútil, porque soy la primera que las defiende, acude a ellas y se emociona (porque soy así de moñas). Pero me emociona aún más imaginar que pueda llegar una época en la que el día de la mujer sea algo tan innecesario como actualmente se considera un día del hombre.
Y eso pasa por el empoderamiento en esferas profesionales y sociales, dejando de tener que reivindicar espacios y pasando directamente a ocuparlos. Pasa por culturizarnos, por leer como si se nos fuera la vida en ello (porque se nos va la vida en ello), por no juzgarnos entre nosotras. Y sobre todo pasa por rechazar los límites que nos impongan por nuestro género, negarnos a dejar que otros nos digan qué es lo que debemos hacer, cómo debemos vestir o comportarnos.
Todo esto, que suena muy bien en el papel, es jodidísimo. Implica mucha valentía y mucho sudor. Y qué coño, también mucha frustración. Y tiene que ser todos los días. Y cuesta, pero termina siendo efectivo. Porque si en cada ocasión que alguien nos diga que ese trabajo es ‘’de hombres’’, y que busquemos algo más fácil, nosotras seguimos trabajando por ocupar esos espacios, llegará un día en el que los ocuparemos y desmontaremos la desigualdad que existe actualmente. 
Y ese día será la hostia, porque no necesitaremos un 8 de marzo.

3/06/2017

Bon voyage

Con las canciones de Sabina ocurre como con los recuerdos, y es que uno termina volviendo a ellos a pesar de su condición efímera y traicionera. Hay quien dice que volvemos a ellas porque suenan bien, pero yo creo que si lo hacemos es porque suenan como queremos. La calidad importa muy poco cuando detrás de las letras aún encuentras una memoria a la que agarrarte, por muy desteñida y absurda que ésta sea. Hay noches en las que te da igual que la canción haya dejado de hacerte sentir como antaño, porque sigue sonando igual. Qué mas dará que ya no signifique lo mismo si tú sigues siendo capaz de recordar intacta la letra, si sigues viéndote reflejada en su ritmo y tiene sentido bailarla sin más. A quién le importará que sigas escuchándola, si para el resto del mundo tan sólo es una canción más. 
Pero entonces ocurre. El teléfono suena recordándote que son las cinco de la tarde, que te espera un futuro prometedor pero no puedes tirarte todo el día en el suelo de la azotea dorándote al sol. Porque los teléfonos de hoy en día sólo sirven para devolverte a la realidad o para congelarla, no dan para más.  Entonces te levantas con el cuerpo entumecido y la cabeza hecha trizas, mirando sin ganas los mensajes acumulados, las alarmas, las imágenes aglomeradas. Estás en marzo y no en septiembre, estás en dos mil diecisiete y no en dos mil trece, tienes veintitrés años y no diecinueve. 
Es completamente normal que Sabina no suene como antes. El teléfono sólo te está recordando algo evidente. Y entonces es cuando me acuerdo de la frase que me dijo Papá hace tiempo:
el conocimiento se adquiere con la experiencia, el resto sólo es información




2/26/2017

Roberto Bolaño - Antología

En el camino de los perros mi alma encontró 
a mi corazón. Destrozado, pero vivo, 
sucio, mal vestido y lleno de amor. 
Allí donde no quiere ir nadie. 
Un camino que sólo recorren los poetas 
cuando ya no les queda nada por hacer. 
¡Pero yo tenía tantas cosas que hacer todavía! 
Y sin embargo allí estaba: haciéndome matar por las hormigas rojas y también 
por las hormigas negras, recorriendo las aldeas vacías: el espanto que se elevaba 
hasta tocar las estrellas. 
Un chileno educado en México lo puede soportar todo, 
pensaba, pero no era verdad. 
Por las noches mi corazón lloraba. El río del ser, decían unos labios afiebrados que luego descubrí eran los míos, 
el río del ser, el río del ser, el éxtasis 
que se pliega en la ribera de estas aldeas abandonadas. 
Sumulistas y teólogos, adivinadores 
y salteadores de caminos emergieron 
como realidades acuáticas en medio de una realidad metálica. 
Sólo la fiebre y la poesía provocan visiones. 
Sólo el amor y la memoria. 
No estos caminos ni estas llanuras.
No estos laberintos.
Hasta que por fin mi alma encontró a mi corazón.
Estaba enfermo, es cierto, pero estaba vivo.